Following Cassiopeia
Ya sé qué quiero contar.

Quiero contar una de las historias de Lina.

Ayer, ella estaba en la universidad y como en toda universidad pública colombiana, casualmente, hay un lugar conocido por todos como “El aeropuerto”. Se encontraba ella, tranquila, departiendo con sus amigos, cuando decidió que se quería ir de allí, se paró y se dirigió hacia la salida de la universidad que queda más cerca de su apartamento. En el camino, habían dos sujetos sentados en una mesa, y uno le enseñó a Lina, un cartel que decía: ” I love you, bitch”. Le pareció extraño, pero no puso demasiada atención, y se dirigió hacia el baño, a la salida del cual, estaban los dos individuos esperándola. El del cartel le pide disculpas, arguyendo que no conocía el significado en español de esta frase, y además, la invitó a tomar algo, un té, si no estoy mal.

Cosas que sólo le pasan a Lina. Bueno, historias hay por todos lados. Miren los graffitis.

rotwelt:

We’re gonna kill you, motherfucker

rotwelt:

We’re gonna kill you, motherfucker

Unas cuantas palabras

“Volvió a sumirse en un silencio amargo. Sartre. Siempre lo había defendido, exactamente lo contrario. Qué significativo que siempre hubiera que defender a los tipos auténticos. Cuando la rebelión en Hungría, cuando los stalinistas lo acusaban de ser un pequeñoburguéscontrarrevolucionarioalserviciodelimperialismoyanqui. Después, contra los maccartistas, que lo acusabande idiotaútilalserviciodelcomunismointernacional. Y, por supuesto, también homosexual, ya se sabe, puesto que no pudieron describirle parentela judía.”

Ernesto Sábato, Abaddon el Exterminador. No tengo mucho más para decir por hoy.

Es una de mis películas favoritas de Buñuel. ¿Por qué? Por su historia, tanto interna como externa, por su “última cena”, por sus cuerdas, por su fiesta.Y al final, como si fuera poco, esa escena sensual, irónica, cerrando esa bella película con una elegante forma de burlar la censura.

Es una de mis películas favoritas de Buñuel. ¿Por qué? Por su historia, tanto interna como externa, por su “última cena”, por sus cuerdas, por su fiesta.Y al final, como si fuera poco, esa escena sensual, irónica, cerrando esa bella película con una elegante forma de burlar la censura.

Basura (Héctor Abad Faciolince)

Empecé a leer a Héctor Abad Faciolince en el 2009, cuando en pleno debate público (si es que se le puede llamar así) sobre la dosis personal en nuestro país, escribió y publicó para El Espectador una osada columna:La columna enmarihuanada. Desde ese día sigo leyendo su columna publicada semanalmente en el mismo diario, y que suele tratar sobre literatura y política.

Supe por esos mismos días que su libro “El olvido que seremos” estaba teniendo éxito y que además lo puso en el centro de la literatura internacional al adjudicarle a Jorge Luis Borges el soneto que había encontrado en el bolsillo de la chaqueta de su padre, actitud que algunos consideraron publicitaria, y que lo llevó a una búsqueda larguísima, que, al parecer, terminaría confirmando la autoría de dichos versos. (Vea la historia completa aquí: Al rescate de un poema atribuido a Borges. )

Siempre me ha parecido un escritor crítico, agudo y perspicaz, aunque como todos, con aspectos criticables, tanto política como literariamente, que ha vivido directamente los problemas del país, y con una gran capacidad para crear y contar historias. Acabo de leer su novela “Basura” (2000), novela que ha dejado en mí, una buena impresión.

La historia es sobre un hombre que descubre accidentalmente en la basura de su edificio, los escritos de su vecino Bernardo Davanzati, un presunto ex escritor, que según él mismo explica, no puede dejar de escribir, y que ahora sólo lo hace para sí mismo, sin intención alguna de publicar, con la única urgencia de calmar sus ansias. En una reciente entrevista vía Twitter, el escritor Mario Mendoza, ante la pregunta de por qué se había dedicado a la escritura, respondió aduciendo que era una “necesidad”, lo que causó desazón en algunos de los usuarios, quienes tildaron rápidamente su respuesta de cliché, Mendoza,

permaneciendo tranquilo, replicó diciendo que los clichés no son necesariamente falsos. Se puede observar fácilmente que Davanzati, tenía esa misma razón para escribir, y que además lo hacía casi que involuntariamente, según el mismo decía, como quien respiraba u orinaba.

En la novela, el “lector” se obsesiona de a poco con los cuantiosos escritos de su vecino,(escritos que me parecieron divertidos, profundos, incoherentes, incomprensibles,excitantes, absurdos) tornándose ellos en parte fundamental de su vida, y convirtiéndose así en una especie de espía: lo sigue rigurosamente hasta conocer sus hábitos casi a la perfección, lee sus historias encontrando posibles nexos entre la ficción y la realidad , tanto así, que habla con algunos de los conocidos de Davanzati a sus espaldas y realiza un viaje para conocer más de su vida personal y carcomer así, otro retazo del misterio. Al final, el “espía”, debido a una conversación que tuvo con una de las amigas del escritor, nota que a pesar de la supuesta rigurosidad de 

sus seguimientos no se da cuenta de algo esencial, es decir, comprende que ha perdido su tiempo.

Leyendo el libro, también recordé que en una de las entrevistas a Fernando Vallejo. él decía que había un inmenso vacío en la literatura sobre la vejez. Yo, he descubierto en mis pocas lecturas, dos libros que podrían empezar a llenar dicho espacio: el libro de cuentos “El retorno a casa” de Nicolás Suescún, y éste del que estamos hablando, que tiene mucho que ver con la edad de Davanzati, con como recuerda sus experiencias y las mezcla deliberadamente con ficción en sus líneas, de como se arrepiente de su vida, pero aceptando que es irremediable, de como quisiera haber pasado el tiempo “tocando una piel” en vez de dedicarse enteramente a sus adicciones y elucubraciones, de como esperar la muerte viviendo en el pasado, de su amigo Jose y la visión de memoria como “alma”.

No es mi propósito contarles explícita y detalladamente la trama, por lo que no diré mucho más sobre ella. Me limitaré a contarles que he captado esta historia, como una descripción de necesidades, sobretodo, de necesidades tan presentes actualmente, como el voyeurismo y las ansias, más que por contar, por contarse. Opino que la relación escritor-lector que se desarrolla en la novela, es una revisión de estas necesidades, una remembranza de nuestras obsesiones, una señal de los lados que no siempre queremos mostrar, es más, de los lados que usualmente ocultamos. Quizás por lo anterior, me haya parecido una historia entretenida, y que definitivamente, debo recomendarles.

Para terminar, transcribo uno de los textos de Davanzati:

“Un náufrago que arroja al mar un mensaje en una botella conserva la esperanza de que algún día alguien lea su mensaje, incluso muchos años después de que él haya muerto de hambre. Yo soy un náufrago que arroja su mensaje al mar, no envuelto en botella alguna, para que se disuelva con la sal, para que se lo trague una tortuga hambrienta. No lanzo ningún pedido de auxilio, no pretendo que nadie me socorra, no tengo hambre de ojos que me salven y me lean, simplemente soy un náufrago y me relato a mí mismo que me muero de sed mientras me estoy muriendo de sed. Escribo y sé que nunca nadie va a leer lo que escribo, escribo porque tengo el vicio incurable de escribir, escribo como quien orina, ni por gusto ni a pesar suyo, sino porque es lo más natural, algo con lo que nació, algo que debe hacer diariamente para no morirse y aunque se éste muriendo. ¿Para qué orina ya un moribundo? ¿Para qué escribe ya un agonizante? Y sin embargo orina. Y sin embargo escribo. Si lo publicara, admitiendo que alguien me lo quisiera publicar, lo primero que pensarían los críticos es que busco algún honor, reconocimiento, notoriedad, fama, plata. Y sí, eso es lo que buscan casi todos, eso es lo que yo mismo buscaba en otros tiempos. Ahora no quiero que nadie me premie porque orino: qué bien orina el señor Davanzati, realmente que bien orina este señor. Tampoco temo que algunos critiquen mi manera de orinar: qué poca fuerza tiene la orina de Davanzati, qué amarilla está, cuánta espuma que saca y qué mal huele. Me importa un bledo lo que piensen sobre mi manera de orinar. No puedo dejar de hacerlo, no sé hacerlo de otra manera. Lo más que me pueden pedir es que escoja un sitio discreto para hacerlo. Cumplo con el precepto. Lo hago a escondidas y no espero que nadie me aplauda por la meada. Lo hago a menudo porque a menudo me dan ganas, porque tomo mucho agua o mucho vino o porque tengo pequeña la vejiga, crecida la próstata, baja la hormona antidiurética, qué sé yo. Lo hago porque si no me reviento por dentro. En realidad, no tendría tampoco nada de malo reventarse, pero es más agradable mear que reventarse. Mear, seguir meando hasta el día que me muera”

Yo también.

Hay momentos en la vida en que creemos que somos únicos, pero a medida que avanzamos por sus ramificados senderos, nos encontramos con la evidencia que refuta nuestra tosca hipótesis. De hecho, estas anotaciones no son más que el registro de mi propia experiencia.

Una noche, mientras fumaba tranquilo, miraba al cielo, como de costumbre. Aunque lo intentara, no podía concebir lo que veía como ajeno, por más que me esforzara, las luces se me antojaban propias, dominadas, sometidas. Recordé en un instante, todas las páginas leídas, todas las lecciones aprendidas, toda los gritos ignorados, todos los cuerpos sublimados, todos los sueños transmutados, todas las lágrimas retenidas, y al fin lo comprendí. Para ser más precisos, lo recordé.

Corrí hacia la biblioteca, busqué entre los libros antiguos de mi tío y con los ojos aún ardiendo leí la carta de ese viejo escritor:

” Después de leer todos estos libros, seguramente usted llegará a la misma conclusión: Usted y yo hemos pensado lo mismo. Yo también quise escribir tratados sobre mis mentiras, yo también le conté mis secretos a una silueta, yo también capturé las luciérnagas, yo también sentí dominar. Las cosas que hemos vivido han sido regidas por las historias que reposan en esta biblioteca , nuestras existencias han sido avasalladas por su imaginación, y por eso, quizás, hemos creído ver más allá. No se trata de que exista o no un mundo más allá de nosotros, ambos lo sabemos, se trata, simplemente, de aceptar nuestra naturaleza, nuestra condición de reos. Lo que hagamos aquí ha permanecido siempre oculto y así seguirá, aunque en nuestras noches desordenadas, pensemos en la posibilidad de transmitir nuestras vivencias. No nos engañemos, ésto es una condena, y como condena debe ser entendida. Yo no sé si lo que yo escriba podría ayudarle, pero se lo confieso: yo también quise escapar, yo también empecé a escribir, yo también descubrí que el papel es el mejor antídoto para el encierro. Puede estar seguro de lo iguales que somos, de lo poco que nos diferencia, yo también sigo repitiendo la misma paradoja de nuestros antepasados, al fin y al cabo, yo también estoy seguro de que somos únicos.”

Guardé la carta. Salí al jardín, me dejé arrullar por la Indiferencia, y pude dormir tranquilo.

Éste es, definitivamente, uno de mis posters preferidos. Algo exquisito, para una película, que aunque extraña,  (algunos incluso podrían denominarla “fea”, en el buen sentido de la palabra) es también exquisita.

Éste es, definitivamente, uno de mis posters preferidos. Algo exquisito, para una película, que aunque extraña,  (algunos incluso podrían denominarla “fea”, en el buen sentido de la palabra) es también exquisita.

Sinapsis-Simbiosis

Como la música y la literatura son cosas importantes y fuertemente ligadas para mí, relaciono algunos de mis libros favoritos, con algunas de mis canciones favoritas. A continuación, lo que resulta:

  • Un punto azul pálido (Carl Sagan) ….. Los habitantes de Alfa Centauro encuentran la sonda El Viajero (Ismael Serrano)
  • Sobre héroes y tumbas (Ernesto Sábato)….. Buenos Aires (Fito Páez)
  • El lobo estepario (Herman Hesse)….. Fly me to the moon (Frank Sinatra)
  • La soledad de los números primos (Paolo Giordano)….. Vértigo (Ismael Serrano)
  • Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón (Alba Lucía Ángel)….. La memoria (León Gieco)
  • Los caminos de la libertad (Bertrand Russell)…. Mourir pour des idées (George Brassens)
  • El túnel (Ernesto Sábato)….. The Blower’s daughter (Damien Rice)
  • Yo me bajo en Atocha (Gustavo Colorado)…… Yo me bajo en Atocha (Joaquín Sabina)
  • El mundo y sus demonios (Carl Sagan)….. Hermana duda (Jorge Drexler)
  • La tregua (Mario Benedetti)…..Ne me quittes pas (Jacques Brel)
Papel mojadoCon ríoscon sangrecon lluviao rocíocon semencon vinocon nievecon llantolos poemassuelenserpapel mojado
M. Benedetti.
En ocasiones se tiene la sensación de haber pensado lo mismo, o de haberlo vivido.

Papel mojado
Con ríos
con sangre
con lluvia
o rocío
con semen
con vino
con nieve
con llanto
los poemas
suelen
ser
papel mojado

M. Benedetti.

En ocasiones se tiene la sensación de haber pensado lo mismo, o de haberlo vivido.

Historiadores de Parques

Ya he dicho antes que amo los parques. Los amo, sin razones, no sé si por sus árboles, sus estatuas o sus palomas, pero los amo. Digamos que por eso he elegido mi profesión, soy un historiador de parques.

Ese es mi trabajo, elijo horarios diferentes cada semana, me dirijo a ellos y escucho atentamente, casi sin participación propia, las historias que allí se entretejen. Y me sé historias de todas las tendencias políticas, éticas, religiosas, sexuales, musicales.

Es más, conozco tu historia.